Las piedras del camino son también el camino

Fecha: miércoles, diciembre 2, 2020 Comentarios: 0 Visto: 686

Resulta de gran ayuda comprender que las emociones que tenemos, las negativas y las positivas, son exactamente lo que necesitamos para sentirnos totalmente humanos, para estar totalmente despiertos, totalmente vivos. —Pema Chödrön

Hace más de 10 años, en un retiro de mindfulness, a un buen amigo le asignaron la tarea de cuidar de la mesa del té. Esto significaba que todos los días y durante un mes, él sería el responsable de mantener limpia la mesa, de cuidar que no faltara nada, (galletas, té e infusiones), y de buscar y suministrar el agua cuando esta faltara, lo que implicaba ir a buscar un pesado bidón de agua a una bodega y traerlo a la mesa. Era a todas luces una tarea desagradable, monótona y aburrida, pero necesaria, beneficiaba a todos los participantes.

Recuerdo que al principio mi amigo se sentía frustrado y cansado con esta tarea, sin embargo, tras algunos días de realizarla hizo un giro y pudo mirar aquella tarea con otros ojos. Lo vi más contento y entusiasmado y le pregunté qué había pasado, y me dijo que se había dado cuenta de que su trabajo se había transformado en su práctica de meditación, que había notado lo importante que era mantener la mesa limpia y disponible para los demás, que era un gesto de amor y servicio, y decidió afrontar aquella tarea como si estuviera a cargo de un jardín, que era importante mantener limpio, regándolo y desmalezándolo cuando correspondiera. De pronto, una tarea aburrida y rutinaria se había transformado en una práctica de atención y cuidado.

Aunque han pasado varios años desde aquel momento, de vez en cuando recuerdo la respuesta de mi amigo ante las circunstancias en las que estaba y valoro la capacidad que tuvo para mirarlas desde una perspectiva más compasiva, sin negar ni endulzar la experiencia, mirándola como una oportunidad de servir para otros y comprobar cómo desde aquella mirada todo cambiaba.

Cuando en nuestras vidas nos vemos enfrentados a situaciones difíciles o a obstáculos inesperados, probablemente nuestra primera reacción sea la de buscar resolver rápidamente la situación. Emprendemos acciones para que la situación mejore y cambie, lo cual está muy bien. Sin embargo, hay ocasiones en las que enfrentamos dificultades que simplemente no podemos controlar, que no está en nuestras manos cambiar, y en esas circunstancias tenemos que elegir cómo vivirlas.

¿Cómo nos enfrentamos a aquellos aspectos de nuestra vida que nos sobrepasan, y que aunque quisiéramos cambiarlos no podemos? Como, por ejemplo, algunos conflictos y relaciones interpersonales, la enfermedad o la muerte. ¿Cómo respondemos ante las situaciones que nos sobrepasan? ¿Huimos o las afrontamos? Y si las afrontamos, ¿cómo lo hacemos?

Aunque no podamos cambiar las condiciones externas, siempre está a nuestro alcance elegir el modo en que respondemos ante aquello que nos ocurre y aquí nuestra capacidad de ser más conscientes juega un rol preponderante

La práctica de la presencia plena nos invita a observar el modo en que respondemos ante las circunstancias de la vida que nos toca vivir. Sin tener que asumir una posición de falsedad, podemos cultivar conscientemente una actitud de aceptación y apertura ante las dificultades. Aceptación entendida no como resignación, sino como un reconocimiento a lo que está ocurriendo, para desde allí buscar alternativas y actuar.

Aceptación no es sinónimo de pasividad, es al contrario, una actitud de reconocimiento sincero ante lo que nos pasa, que nos permite luego actuar de un modo ajustado a las circunstancias.

Por su parte, la apertura nos insta a abrirnos ante las nuevas circunstancias. Aunque no me guste lo que esté ocurriendo, puedo preguntarme ¿Cuál es mi actitud ante mis circunstancias?

Las circunstancias externas, por desfavorables que nos parezcan, no determinan radicalmente nuestro bienestar. Todos tenemos un margen de respuesta en el que en gran medida se juega nuestro bienestar, como señala Víctor Frankl (1946-2004), quien vivió las circunstancias más extremas que alguien puede afrontar en los campo de concentración de Auschwitz y Dachau. Frankl señalaba que nuestra libertad se juega en el espacio que hay entre un estímulo y la respuesta que damos. En síntesis, nuestra libertad se juega en cómo respondemos ante nuestras circunstancias.

La actitud que adoptemos ante los obstáculos es especialmente importante, sostener una actitud de apertura, alegría y compasión es como un antídoto ante la amargura y la desazón que pueden provocar las adversidades, y verlo así nos empodera y nos devuelve la responsabilidad sobre nuestra propia vida. No se trata de negar el sufrimiento que aparece, sino de abrazar nuestro sufrimiento cuando aparece.

La práctica de la presencia plena nos interpela a no negar lo que esté ocurriendo, sea lo que sea, reconociendo las dificultades que afrontamos (aunque nos disgusten radicalmente) y pudiendo ver que son una parte importante de nuestro camino de crecimiento. Negarlo o tratar de eliminarlo puede estrechar nuestro entendimiento, además de producir o incrementar el sufrimiento. En vez de tratar de sacar las piedras del camino, podemos ver las piedras como parte integral del camino mismo.

Invitación a la práctica: La aceptación en acción

Tanto si hemos vivido alguna situación dolorosa a lo largo de nuestra historia como si la estamos viviendo en este mismo instante, podemos tener presentes los cuatro pasos sistematizados por el psicólogo y monje Jack Kornfield (2010), como principios para una aceptación y transformación consciente. Los pasos propuestos por Kornfield son: 1. Reconocer lo que nos está pasando, 2. Desarrollar una actitud de aceptación (no de resignación), 3. Indagar y profundizar en la experiencia y 4. No identificarnos con ella. Dicho en otras palabras: primero debemos reconocer cuáles están siendo nuestras circunstancias, mirando con la mayor claridad que podamos y diferenciando las experiencias de nuestros pensamientos y expectativas. Esta sola distinción puede ayudarnos a tomar una mayor perspectiva. Luego podemos desarrollar una actitud de aceptación de nuestra experiencia, indagar con mayor claridad las características de nuestra respuesta, tanto a nivel fisiológico, como de pensamiento y emociones. Posteriormente debemos indagar con la mayor profundidad que podamos. Finalmente, podemos optar por no identificarnos con las reacciones que aparezcan, reconociendo el carácter transitorio de estas, y así generar un espacio para desarrollar una respuesta más sabia.

Una valiosa práctica que podemos realizar durante esta semana es la de observar con atención la actitud que adoptamos ante las circunstancias difíciles que estemos enfrentando.

• ¿Cómo reaccionamos ante las tareas y las personas que nos desagradan?

• ¿Cuáles son los principales pensamientos y emociones que emergen ante las circunstancias adversas que estemos viviendo?

Dar una respuesta justa y compasiva ante las “piedras en el camino” es un acto de coraje y amor. En nuestras manos está transformar nuestro sufrimiento y cultivar un mayor bienestar para quienes nos rodean, incluidos nosotros mismos.

• ¿Cuáles son las principales lecciones que te están dando las “piedras de tu camino”?

¡Que tengas una buena práctica!









Extracto sacado del libro de Educar sin castigar de Claudio Antonio Araya Véliz

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