La pandemia: una oportunidad tanto para lectores asiduos como ocasionales

Fecha: lunes, marzo 8, 2021 Comentarios: 0 Visto: 993

Los libros son más que lo que parecen, un amante de la lectura lo sabe muy bien: no solo los lee, también los siente en su fondo y en su forma. El libro es en su esencia un adelanto de la era digital, pues constituye la primera forma de encuentro virtual que merezca tal nombre: una persona física se encuentra con el autor de una forma virtual, hasta tal punto que no es necesario siquiera que el autor esté vivo; podemos llegar incluso a decir que la lectura trasciende nuestro cuerpo físico e incluso nuestra mortalidad, puede que este sea uno de los grandes encantos que fascina al lector empedernido. En la televisión los autores ponen el sonido y la imagen, en la radio solo el sonido, teniendo que poner las imágenes el receptor, en el libro el reto es mucho más grande: el autor pone las palabras, pero el lector tiene que poner tanto la voz como las imágenes. Leer requiere de una mayor participación del receptor y por lo tanto le otorga una mayor libertad de imaginar, esto es una clara ventaja a la hora de nuestro desarrollo mental y emocional, pero también un escollo para las personas no acostumbradas a leer, que pueden preferir la comodidad de la televisión e incluso de la radio.

A pesar de todo lo dicho no hay que caer en el “buenismo” con los libros, todos hemos oído que leer es bueno, y esto se dice de una forma categórica sin percatarnos de que tal frase en el fondo no tiene sentido, pues sería equivalente a decir que cualquier compañía es buena. A nadie se le ocurriría hoy en día recomendar el libro escrito por Hitler (“Mi lucha”), así que podemos concluir que leer no es bueno por antonomasia: saber elegir las lecturas adecuadas es algo clave, sobre todo para las personas que no tienen costumbre de leer. De hecho, si queremos introducir a los niños y adolescentes en el arte de leer, nuestras primeras recomendaciones serán esenciales para tener éxito o no en nuestro empeño, sin duda la pandemia es una gran oportunidad para que los maestros y los padres incentiven la lectura en sus alumnos e hijos, pues nos trae como regalo un tiempo extra en el hogar, un tiempo libre que podemos emplear en hacerles descubrir que también entre los libros pueden hacer amigos.

También la pandemia es una oportunidad para el lector adulto ocasional, que puede descubrir que, si bien leer requiere de atención total, no se puede estar haciendo otras cosas a excepción tal vez de escuchar música, la recompensa es muy grande y enriquecedora. En una sociedad en la que estamos acostumbrados a prestar atención a varias cosas a la vez, a mirar constantemente mensajes cortos en nuestro celular, a vivir en definitiva sin sentirnos presentes en lo que hacemos y sin “perder” el tiempo en profundidades, la lectura de un buen libro puede ser un auténtico oasis en el desierto, en el que saciar la sed de encontrarnos a nosotros mismos en la historia contada por otro, todo un acto mágico que nos puede con el tiempo llevar a convertirnos en lectores asiduos.

El lector cotidiano, que ya tiene conquistados sus tiempos de lectura en su agenda, puede también en la pandemia encontrar una oportunidad para crecer como lector, para explorar nuevos territorios. Los que somos lectores empedernidos hemos adquirido ciertos hábitos que nos hacen más cómoda la lectura, pero que también nos limitan, podemos decir que hemos construido nuestra zona de confort. Precisamente una característica esencial de la pandemia es sacarnos a empujones de nuestras zonas de confort, eso nos suele irritar, por la sencilla razón de que además de zonas de confort también las hemos construido como zonas de seguridad: a nadie le gusta perder su seguridad.

Los lectores asiduos nos solemos encerrar en determinados autores y determinados tipos de lectura, eso nos garantiza la seguridad de que la obra a leer nos va a gustar, también generamos prejuicios como el de no osar leer un libro digital: necesitamos tocar el papel, oler la tinta y sentir el peso y la textura del libro en nuestras manos. Nos engañamos diciéndonos a nosotros mismos que no es un prejuicio la condena al libro digital, es simplemente el hecho de que no se puede comparar con un libro de “carne y hueso”. Nuestro fetichismo sobre la forma del libro nos aleja, sin darnos cuenta, de la esencia del libro: tener un encuentro virtual e íntimo con el autor y su conocimiento. El tiempo extra que nos regala la pandemia y el reto que nos plantea para que salgamos de nuestras zonas de confort constituyen una gran oportunidad para que rompamos con nuestro circulo habitual de lecturas y nos atrevamos, como si fuésemos lectores noveles, a pisar nuestros territorios prohibidos. Podemos, por ejemplo, atrevernos con nuevos escritores y temas alejados de nuestros intereses primarios, e incluso podemos enfrentarnos al inquisidor de los lectores clásicos y atrevernos a comprar un e-book. Los libros digitales a parte de ser más baratos, y eso para un gran consumidor de lecturas es importante y más en los momentos de falta de recursos de la pandemia, traen consigo un gran regalo extra de la era digital: no existen fronteras ni distancias para ellos. Cuando nos limitamos a adquirir libros de papel es muy difícil conseguir los ejemplares que no son editados en nuestro país, en el caso de que podamos llegar a conseguirlos nos pueden costar mucho tiempo e incluso más dinero que el de su coste habitual; en cambio, el libro digital lo podemos adquirir sin que medie un transporte físico, sin que ninguna frontera nos cierre el paso y además sin correr el peligro de que esté descatalogado (los libros digitales no se agotan).

Leer buenos libros, sea cual sea su formato, es un placer que ninguna pandemia nos puede prohibir, es una manera de enriquecernos por dentro más allá de nuestras limitaciones económicas (en la red hay libros digitales gratis) y sobre todo es una forma de conocernos mejor y de hacer amigos: ¿a qué esperamos...?, cojamos un libro y entremos en él, vivamos las mil y una aventuras que nos plantea; una de las grandes magias del leer es que podemos vivir otras vidas sin abandonar la nuestra, ¿quién puede resistirse a esto...?

Carlos González Pérez @arcoirisdan

Autor de “23 maestros, de corazón” y “Encuentros con tu propia sabiduría

Etiquetas lectura

Comentarios

Deja tu comentario