“Cuando miro desde el corazón, lo que veo se transforma y me transforma“

Fecha: miércoles, julio 22, 2015 Comentarios: 0 Visto: 911

Desclée De Brouwer ha publicado el último libro de José María Toro, “Mi alegría sobre el puente (Mirando la vida con los ojos del corazón)”, una antología de textos que nos invita a recuperar la alegría y a mirar las cosas, no sólo con los ojos, sino desde el corazón. Son reflexiones breves, originales y de hondo calado que nos invitan a reflexionar de otra manera sobre un sinfín de cuestiones cotidianas.

Hemos hablado con José María Toro, un referente en la educación emocional y en una creatividad vinculada con el crecimiento personal, así como en la pedagogía del descanso.

P: ¿Por qué este nuevo libro?

R:El deseo de compartir, a través de las palabras, otro modo de mirar, acercarnos y responder a todo aquello que circula por el río de nuestra vida y que contemplamos desde la atalaya, desde el puente  que representa nuestra conciencia. Quería compartir vivencias a través de las palabras que pudieran proporcionar alguna alegría al lector o lectora o atemperar algún sufrimiento.

Muchos de los sinsabores de la vida no están en lo que sucede sino en nuestro modo de mirar y acoger los acontecimientos.

P: ¿A quién está dirigido?

R:Este es un libro abierto y que, por tanto, se dirige a esos corazones que están dispuestos a abrirse y dejarse atravesar por la Vida. Mis libros, en su contenido, en sus títulos e incluso portadas, en la vibración que late en ellos, son como un imán que atrae a aquellas personas que se sienten comprometidas con ellas mismas y con el mundo.

P: ¿Es posible aprender a mirar las cosas con los ojos del corazón en tiempos duros?

R:No sólo es posible: es algo esencial, importante y urgente. En la mayoría de las ocasiones, los grandes medios de comunicación sólo nos muestran la cara más amarga y oscura del ser humano. Pero, como bien señaló ya hace años Luís Rojas Marcos, “por cada gesto abominable del ser humano hay diez gestos de amor”. Y es esto lo que nos mantiene vivos como especie. La mirada del corazón siempre transforma el simple gesto de mirar en una experiencia de presencia; supone, en cierto modo, una acción revolucionaria ya que cuando miro desde el corazón, aquello que miro se transforma y me transforma.

P: ¿Cómo definirías esa mirada del corazón?

R: La mirada del corazón vuelca sobre la realidad unas pupilas luminosas y empapadas por la ternura y nos adentra en el espacio de la esperanza; una esperanza que, suelo decir, no espera, sino que adelanta otro modo de ser y vivir. Llevo años mostrando en mi trabajo con los niños y con sus maestros y padres que esa mirada del corazón, esa mirada a la que aludía el Zorro del Principito, puede ser metáfora encarnada, utopía que se hace realidad, actitud que se hace cuerpo. Como afirmo en las primeras páginas de este libro, “Mi alegría sobre el puente”, la mirada del corazón es hoy una necesidad epistemológica, un recurso pedagógico y formativo de primer orden, así como una urgencia política.

P: ¿Qué condiciona la felicidad?

R:La felicidad no depende, en última instancia, de las situaciones externas. Nuestra posibilidad primera de ser felices no está en que las condiciones exteriores cambien; no depende de los estímulos, sino de nuestra manera de verlos y afrontarlos. La felicidad de un maestro no está en que cambien las leyes educativas o sus alumnos, sino en el modo creativo de situarse ante la realidad concreta que tiene delante. La felicidad es algo simple: es el estado anímico de un alma en sintonía con el corazón de la Vida. Lo concreto en el caso de la alegría: hay una alegría biológica, tan natural como inevitable, que brota espontáneamente cuando estamos aligerados (de hecho, alegría significa etimológicamente estar aligerado), cuando nuestra vida es sencilla, equilibrada y armónica o cuando respetamos las leyes de nuestro cuerpo. ¿Cómo es posible que tanta información, tanto conocimiento, tanta sofisticación tecnológica nos aleje de la sabiduría de vivir? La felicidad nunca está en lo que hacemos o tenemos. Hay una felicidad suave, de fondo, con mayor consistencia y continuidad y que surge cuando vivimos, desarrollamos y somos lo mejor de cada uno. Y eso lo compartimos con otros y lo ponemos al servicio de la Vida y del Mundo.

P: ¿Cómo sería el mundo si los gobernantes y poderosos miraran desde el corazón?

R:Si los gobernantes miraran desde el corazón la política sería otra cosa. Cuando el corazón toque las entretelas de nuestra sociedad, ésta experimentará un cambio real y significativo. Por ejemplo, llevado al ámbito de la economía. Un empresario al uso tiene como objetivo el máximo beneficio, es decir, “hacerse rico”. Aunque para ello tenga que explotar a sus trabajadores o suscribirse al club de los corruptos. El objetivo central de un empresario de corazón es “generar y distribuir riqueza”.

En la política hay muy poco corazón: las cifras ocultan los rostros de las personas, las estadísticas enmascaran el sufrimiento, se confunden los mapas con los territorios y sólo se ve la paja en los ojos ajenos. Una sociedad evolucionada no necesitará de políticos profesionales, sino de personas que durante un tiempo corto se prestan a un servicio a la comunidad desde un “poder” vivido como “entrega”. Por propia experiencia sé que una vida totalmente entrega a lo público, a lo de fuera, puede acabar desconectándonos de nuestro corazón. Desde el corazón ya no habrá “oposición” (término que sigue reflejando una conciencia dual, fragmentaria y de enfrentamiento), sino una “colaboración crítica, creativa, constructiva y amorosa”.

P: ¿Detrás de todo, hay una crisis de valores?

R:En nuestra sociedad, ya lo expresaba antes, hay mucho más amor que egoísmo, más solidaridad que indolencia, sólo que no son noticiables. El voluntariado es tan inmenso como generoso y anónimo. Los valores siguen latiendo en los corazones de la mayoría, pero no son éstos los valores que se anuncian, de los que se informa o se promueven abiertamente.

Los que hablan de la crisis de valores de “hoy” olvidan que una sociedad es siempre hija de la anterior y fruto de los tiempos que le precedieron. Cada visión del ser humano y del mundo atiende de manera diferente y peculiar los valores: valora, fomenta y desarrolla unas cosas y desprecia, dificulta e incluso proscribe o condena otras.

P: ¿Qué papel desempeñan la escuela y la educación?

R: Llamamos valores a lo que vale, a lo que consideramos valioso. Por eso al escuela debería ser el gran santuario de los valores ya que son algo nuclear por cuanto se asientan en lo más hondo de la estructura personal y desde ahí afectan a la totalidad de la propia existencia. Los valores no son una entelequia intelectual o una elucubración teórica, sino los latidos mismos con los que pulsa nuestro vivir concreto y cotidiano: configuran lo que uno piensa, conforman lo que uno siente y afectan y modelan la propia conducta.

Los valores son percibidos e incorporados, no tanto a través de una operación mental, sino más bien por una estimación, por un consentimiento del corazón.

Los Valores con mayúsculas, esos que nos realizan y colman, los que nos ayudan a ser felices, los que promueven la Verdad, la Bondad y la Belleza han de alcanzar a todas las dimensiones de nuestra vida: a lo material, a lo intelectual, a lo artístico, a lo político, al deporte, a lo religioso…. simplemente porque todo en la vida humana es valioso, es sagrado. Como expresaba en mi libro “La Sabiduría de Vivir”,  sólo unos valores plenamente humanos pueden colmar de felicidad y gozo una vida humana y hacer del mundo un lugar habitable y amable.

P: ¿Cómo debería ser la escuela?

R:Para mí, lo esencial y lo más hermoso de todo acto pedagógico es poder conducir al alumno a su Corazón; es decir, ayudarle a contactar y sentir lo mejor de sí mismo en un contexto de interacción personal y grupal. La escuela ha de ser ese espacio donde los niños pueden dar sentido y significado a lo que viven, donde aprenden a navegar no sólo por el mundo de la información y del conocimiento que nos proporcionan las nuevas tecnologías, sino también por la Sabiduría y el autoconocimiento que proporciona toda navegación por el espacio misterioso e insondable de la propia interioridad.

En educación hay tres tareas o artes fundamentales con respecto a los ojos:

el arte de cerrar los ojos, que no es otro que el arte de abrir caminos hacia adentro, el regreso a casa y la dinámica de la autoconciencia y del autoconocimiento; el arte de abrir los ojos, que no es otro que el arte de mantener vivo el espíritu del asombro ya natural en los niños y de despertar la curiosidad y el espíritu científico y, finalmente, el arte de encender los ojos, es decir el arte de mantener al niño en conexión con su Ser, con su alma, con su corazón, con lo mejor de sí mismo.

Etiquetas educación

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