Los tres ingredientes clave de la compasión

Fecha: martes, enero 5, 2021 Comentarios: 0 Visto: 648

Thich Nhat Hanh dice a menudo que la comprensión lleva a la compasión, pero, ¿qué significa eso exactamente? Ciertamente no quiere decir que cualquier clase de comprensión lleva a la compasión. Si comprendo que alguien tenía huevos para desayunar o que nació en Indiana, ello no va a ayudarme necesariamente a sentirme de manera diferente con respecto a él. Creo que existen tres tipos específicos de comprensión –los tres ingredientes clave–, que tienen el poder de crear compasión dentro de nosotros. Estos tres ingredientes clave son un modo de reformular las tradicionales Cuatro Nobles Verdades del budismo. Thich Nhat Hanh las traduce diciendo que (1) el sufrimiento existe; que (2) el sufrimiento tiene sus causas; que (3) el bienestar existe; y que (4) el bienestar tiene sus causas. En primer lugar, consideraremos estos ingredientes clave por lo que respecta a la compasión por otra persona, y, a continuación, veremos cómo se aplican en un ejemplo de autocompasión.

1. Comprendemos que la persona sufre. La actitud de Jeff cambió tan pronto como vio lo mucho que Donald estaba sufriendo. Al principio, Jeff supuso que Donald estaba actuando por puro egoísmo, pero cuando se dio cuenta del momento difícil que estaba atravesando su compañero de trabajo, pudo ver la situación con más claridad, y la compasión fue el resultado natural. Cuando no vemos el rol que desempeña el sufrimiento en la forma de actuar de las personas, ideamos toda clase de visiones erróneas sobre la razón por la que estas hacen lo que hacen. Podríamos pensar que son egoístas, crueles, o que disfrutan haciéndonos sufrir. Si pensamos así en alguien, no sentiremos mucha compasión. En lugar de ello, nos sentiremos enfadados y frustrados, como le sucedió a Jeff, o podríamos sentirnos tristes e impotentes. Cuando nos sentimos de ese modo con respecto a alguien, puede resultar útil reflexionar sobre el sufrimiento que podría estar experimentando esa persona.

2. Comprendemos que la persona quiere ser feliz y que está intentando (aunque sin demasiada destreza) crear felicidad para sí misma y para los demás. Imagínate que Jeff hubiera pensado esto al enterarse de la situación que estaba atravesando Donald: «Este chico únicamente quiere sufrir. No está haciendo nada por ayudarse a sí mismo, y yo no voy a perder mi tiempo en una causa perdida». Esa clase de pensamiento habría dado lugar a un resultado muy diferente. En vez de ello, cuando Jeff supo del sufrimiento de Donald, también advirtió que su compañero de trabajo quería ser feliz y que necesitaba ayuda. Todos nosotros hacemos cosas que nos causan problemas a nosotros mismos o que se los ocasionan a los demás, o tal vez no sepamos cómo salir de una situación difícil, pero eso no significa necesariamente que nos guste sufrir.

Es posible tener toda la intención de crear felicidad para nosotros mismos y para otras personas, y no saber el modo de hacerlo. Por ejemplo, si mi hijo me robase algo, podría perder los estribos y gritarle. No le grito porque disfrute haciéndole sufrir. Lo hago porque no quiero que tome decisiones que causen más sufrimiento en su vida. Quiero que sea feliz, y no puedo pensar en una mejor manera de hacer que eso suceda en ese momento que gritándole. Si alguien me dijera qué hacer para que mi hijo se sintiera realmente amado y para que no volviera a robar nada, ciertamente preferiría hacerlo.

De hecho, me gustaría que te detuvieses y que pensases en una de las peores cosas que hayas hecho en tu vida –una decisión que lamentes profundamente–. Cuando hayas escogido algo, piensa en ello: si, en ese momento, hubieses sabido el modo de crear felicidad (o seguridad, o cualquier necesidad básica) para ti mismo y hubieses seguido haciendo felices a los demás, ¿habrías elegido eso? Tómate un minuto para examinar esta cuestión. Si en ese momento difícil se te hubiese ocurrido algún modo de encargarte de tus propias necesidades y hubieses conseguido que otras personas fuesen felices, ¿habrías hecho eso?

Les he planteado esta pregunta a muchos clientes y la respuesta es casi siempre la misma. Incluso las acciones que más lamentamos no se hicieron con una intención verdaderamente maliciosa. Muchas personas dirán que querían hacerle daño a otra persona, porque ese era el único modo que se les ocurría de atender sus propias necesidades. Si hubiesen podido sentirse seguras o comprendidas, etc., sin dañar a la otra persona, habrían preferido eso, pero no sabían el modo de lograrlo. Cuando vemos esta motivación básica hacia la felicidad en nosotros mismos y en los demás, la compasión se vuelve más posible.

3. Comprendemos que no existe una separación fundamental entre nosotros. Si eres una persona que sufre y que quiere ser feliz, entonces tienes mucho en común con las demás personas del planeta. Esto es algo que todos nosotros compartimos y que nos conecta. Es parte de lo que implica ser humano. He aquí el tercer ingrediente clave para la compasión: ver que todos estamos en esta situación juntos –que todos luchamos, queremos ser felices, y que no siempre sabemos cómo hacer que eso suceda–.

Cuando Jeff me contó la situación que estaba atravesando Donald, una de las primeras cosas que dijo fue cómo se sentiría si fuese él el que estuviese haciendo frente a los mismos problemas. Jeff se puso en el lugar de Donald y pudo identificarse con la manera en que se sentía su compañero de trabajo. Vio que no existía una separación fundamental entre ellos, sino que ambos eran seres humanos que deseaban ser felices y que no querían sufrir. Existe un sentimiento auténtico de conexión que tiene su origen en esta percepción.

Otra parte de esta comprensión consiste en ver que la felicidad de otra persona está conectada con la nuestra propia. Jeff se dio cuenta de que, al ayudar a Donald, se estaba ayudando también a sí mismo. Si podía hacer algo para que Donald se sintiese un poco más feliz, eso también le haría feliz a él. Cuando reconocemos lo conectados que estamos entre nosotros, la compasión surge de manera más natural.

El Dalai Lama (2006) describe maravillosamente estos tres ingredientes en su discurso: «Por naturaleza, los seres humanos quieren felicidad y no sufrimiento. Con ese sentimiento, todos intentan alcanzar la felicidad y tratan de deshacerse del sufrimiento… Básicamente, desde el punto de vista del verdadero valor humano, todos somos iguales» (p. 180). Cuando podemos ver que las demás personas son como nosotros –que también ellas sufren y que quieren ser felices–, lo que emerge es un tipo especial de alianza. Queremos que se alivie su sufrimiento y que sean felices, y ellas también quieren lo mismo. Es una manera muy profunda de desearles lo mejor. Es un deseo de que no sufran y de que sean felices. Este deseo lleva a menudo a la acción que consiste en tratar de mejorar la situación. Sin embargo, si te das cuenta de que no puedes hacer nada más, el hecho de desearle lo mejor a alguien de una manera centrada y consciente sigue siendo enormemente poderoso.




La autocompasión en psicoterapia
Extracto sacado del libro de La autocompasión en psicoterapia de Tim Desmond

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