“Escándalo no sólo es alboroto, también significa trampa”

Fecha: miércoles, noviembre 30, 2016 Comentarios: 0 Visto: 1353

El teólogo y filósofo Bernardo Pérez Andreo ha concluido que la palabra “escándalo” es la que mejor define la sociedad contemporánea. “Escándalo es alboroto, pero también celada, trampa”, explica y recuerda el sentido que le da Pablo a la cruz de Cristo: sufrimiento y salvación al tiempo. De ahí que el último libro de Pérez Andreo, “La sociedad del escándalo”, lleve como subtítulo “Riesgo y oportunidad para la civilización”.  En el libro, Bernardo Pérez Andreo desvela y rebate, una tras otra, las estructuras ideológicas que legitiman el modelo capitalista. Hemos charlado con el autor sobre su último trabajo. 

P: ¿Por qué ha elegido la palabra “escándalo”, y no otra, para calificar la sociedad actual?

R: Desde que vivimos sumergidos en la globalización se han utilizado muchos términos para definir nuestra sociedad y ninguno consigue definirla plenamente. Cuando decimos “sociedad feudal” todos sabemos a qué nos referimos. Pero la sociedad actual está determinada en su misma esencia por el cambio y no permite asirla con una terminología precisa, de ahí que términos como “sociedad del cansancio”, “sociedad del riesgo”, o “sociedad líquida” hayan pasado sin definir del todo la civilización actual. He escogido “sociedad del escándalo” como un término heurístico, es decir, de búsqueda de lo que sea esta sociedad.

Escándalo es un término que posee varios significados, aunque no lo percibamos por el uso específico que se ha hecho de él. Escándalo quiere decir alboroto, tumulto, desenfreno e incluso admiración. Pero hay otro significado que proviene de la raíz indoeuropea skand, que significa celada, trampa, piedra de tropiezo. En este sentido lo utiliza Pablo para hablar de la cruz de Cristo. La cruz es un escándalo, una trampa para el que la contempla. Pues, en la cruz vemos un mal y un sufrimiento, pero es ahí, de forma oculta, donde está la salvación. En la cruz de los que sufren este mundo de injusticia está la salvación para una sociedad en la que el hombre es piedra de tropiezo para el mismo hombre.

Vivimos en una sociedad del escándalo porque ella misma puede destruir al hombre, pero a la vez puede ser el lugar de su salvación.

P: Dice que el capitalismo es el peor modo posible de organizar la vida humana; sin embargo, se ha impuesto mayoritariamente en el mundo...

R: Decía Marx que el capitalismo es el sistema más voraz de todo, todo lo disuelve en su maquinaria de producción y consumo. Todo lo sólido, decía, se vuelve líquido, en el sentido físico y en el financiero. El capitalismo vuelve ganancia todo lo que toca. Como el rey Midas, al convertirlo en dinero, lo imposibilita para su disfrute. Esa es su fuerza: la fascinación por la riqueza que genera. Decía un amigo, Sebastián Mora, el secretario de Cáritas, que el problema no es que haya pocos ricos y muchos pobres, sino que haya muchos que quieran ser ricos. Ahí está el problema, como decía Kafka, el capitalismo es un estado del alma y por eso se ha extendido por todo el mundo. No solo por la fuerza económica o militar; si los pueblos no aceptaran moralmente el capitalismo, nada podría contra ellos. Se trata de la idolatría del dinero que denuncia el Papa Francisco, una idolatría que lleva a la sumisión de la persona completa a un sistema inhumano, injusto e inmoral.

En el libro muestro, y creo que demuestro, los mecanismos del capitalismo para someter las conciencias y los cuerpos y las estructuras ideológicas que lo legitiman, pues, en último término, son estas las que sostienen el capitalismo: la ilusión de la libertad, la falacia de la eficiencia y la mentira de la democracia. Sin embargo, el capitalismo es el sistema que peor asigna recursos, como demuestra Piketty, que coarta la libertad de la mayoría para autodeterminarse como humanos y que destruye la democracia y la suplanta por una ficción.

P: Un cristiano puede ser de izquierdas o de derechas; pero es imposible ser cristiano y capitalista. ¿Por qué?

R: Ser de derechas o izquierdas es una determinación pasajera respecto a ser cristiano. Por poner dos ejemplos: si soy cristiano y de izquierdas no podré asentir con los valores que debilitan la dignidad humana, pues el ser humano concreto, este que tengo aquí ante mí, es lo más importante, más que mi propia libertad. Pondré mi ser cristiano por delante de esa ideología en ese caso. Por el otro lado, si soy de derechas y cristiano, cuando me vea ante la injusticia social de que una porción mínima dispendie lo que una mayoría necesita para vivir, me rebelaré contra eso en el nombre de mi ser cristiano. Sin embargo, ser capitalista es algo esencial y no accidental. Como dijera Aristóteles del ser, el capitalismo se dice de muchas maneras, pero todas capitalistas.

Durante siglos se pensó que el cristianismo podía tener un alma capitalista, de la mano de Calvino y otros protestantes. Así lo vio Weber. Pero eso es imposible, porque la esencia del capitalismo es radicalmente opuesta al cristianismo. El cristianismo tiene su núcleo en la donación y la entrega, tiene su esencia en la projimidad, por utilizar el término del evangelio. La mismidad del yo se constituye desde la otredad: los otros, el otro, lo otro y El Otro. Mi ser me es dado y en ese reconocimiento me constituyo como yo. Yo soy el encuentro con mi otredad. Por el contrario, el capitalismo, así lo muestro en el libro, tiene su base, no en el egoísmo, que al fin y al cabo podría avenirse con el cristianismo mediante la conversión. No, su base es algo estructuralmente perverso: la negación del otro. Lo que Wicksteed llama el no-tuísmo, es decir, que su esencia es negar al otro y reducirlo a un elemento más del proceso de enriquecimiento.

Un cristiano no puede ser capitalista, aunque un capitalista sí puede ser cristiano si se convierte, si deja de ser cristiano. Cuando el cristianismo, como en Estados Unidos, se dice capitalista, en realidad está destruyendo lo que es ser cristiano.

P: En el juego de suma cero de la economía, riqueza y pobreza están interrelacionadas y aumentan y disminuyen en proporción inversa. ¿Se puede conseguir un equilibro?

R: No se trata de equilibrar, eso es lo que intenta la socilademocracia cuando quiere corregir mediante redistribución la desigualdad generada por el capitalismo en la creación de riqueza. Lo que yo digo en el libro es que hay una relación dialéctica entre riqueza y pobreza, no solo que estén relacionadas. Es más profundo que eso. Se trata de que en el modo de producción capitalista, la creación de riqueza lleva aparejada la creación de pobreza. No es posible la una sin la otra.

Tomando el mundo como un todo, cuando una parte se apropia de una riqueza, esa riqueza debe salir del empobrecimiento de otra parte, es un problema estructural. De la nada, nada se hace. No es posible crear riqueza sin generar pobreza, dentro del modo capitalista de producción. Esto es así porque este modo de producción extrae la riqueza de la naturaleza y de las personas. Eso implica que ambos se empobrecen. La naturaleza, que ya ha llegado a su límite, para dar riqueza debe empobrecerse en el sentido de generar contaminación y destrucción de recursos: agotamiento de la pesca, destrucción de los hábitats, contaminación de los acuíferos, agotamiento de las tierras fértiles o desertificación. Y las personas también se empobrecen. Aunque los que vivimos en los países enriquecidos no lo creamos, pero es así. No solo se empobrecen aquellos trabajadores que son explotados en las fábricas chinas o de Nepal, también los que en Europa o Japón dedican toda su vida a la rueda sin fin de la producción y el consumo son empobrecidos, pues se les roba su propia existencia.

No hay equilibrio posible. Bajo el sistema de producción capitalista, todos perdemos para que unos pocos, solo unos pocos ganen, o crean ganar, pues ni eso le reconocemos. Como dijo Benedicto XVI, mientras unos mueren por las carencias, otros por los excesos.

P: La crisis actual no es una más entre las recurrentes crisis cíclicas del sistema, sino que esta vez  es sistémica: es el sistema el que está en crisis. ¿Es así?

R: Hay una teoría, la de Schumpeter, que apuesta por la “destrucción creadora”. Con este oxímoron quiere significar la necesidad de las crisis cíclicas en el capitalismo para que las fuerzas productivas se “limpien”  cíclicamente y el capitalismo pueda seguir desarrollando su voracidad. Por esto se habla de las crisis del capitalismo en plural, restando significado a la palabra crisis, que significa juicio, no un momento de cambio o transformación. Estamos, pues ante el juicio definitivo del capitalismo, lo cual no quiere decir que se acabe ya este sistema. Aún quedan varias décadas, si no un siglo entero, para que el sistema capitalista desaparezca. La cuestión es, no si desaparecerá, sino si con él también desaparecerá la humanidad, tal y como la conocemos.

Algunos hablan de una nueva Edad Media, como si no hubiera alternativas al capitalismo: o el capitalismo o las cavernas, nos dicen constantemente. No es así. El capitalismo es un modo de civilización pasajero, como todos, y pasará a la historia, como todos. El problema es que si no somos capaces de vivir este juicio como una condena al capitalismo, el capitalismo acabará condenando a la humanidad. No hay más opciones, porque la esencia del capitalismo es transformarlo todo en ganancia y no parará hasta que todo, naturaleza y humanidad, dé hasta la última gota.

P: “El error está en haber separado la política de la economía y ésta de la ética”.  ¿Hay forma de retomarlo?

R: Sí, claro, por supuesto. Pero la sociedad debe empoderarse: tomar las riendas de su vida y establecer los criterios para la supervivencia de la humanidad en el planeta. Eso se llama Política, con mayúsculas, dejando la economía como un instrumento que debe llevarnos a los fines que políticamente decidamos. Pero no será suficiente: la Política debe estar informada por la Ética. No por cualquier ética, como la utilitarista que gobierna en el capitalismo, sino la Ética de la projimidad. El criterio ético para un mundo verdaderamente humano debe ser el otro sufriente. Esto nos lleva a cambiar los objetivos sociales y en primer lugar los económicos, como dice mi amigo Quique Lluch, economista: el objetivo de la economía no debe ser crear riqueza total sino que todos tengan al menos lo necesario para vivir. Así articulamos la Ética como base para la Política y esta rigiendo sobre la Economía. Pero, repito, es necesaria una revolución personal para esto.

P: Describe la globalización como la ”religión del capitalismo”, que acabará fagocitando al planeta entero…

R: Fue Walter Benjamin el que habló del capitalismo como religión, aunque Marx ya lo había atisbado. El capitalismo es un sistema total, por tanto, incluye la economía depredadora, la política liberal, la ética utilitarista y, también, la religión. Pero no se trata de un añadido, pues con el paso del tiempo, el capitalismo ha devenido en sí mismo una religión, con su culto, un culto a la riqueza y al dinero; con sus ídolos, aquellos que son capaces de “hacerse a sí mismos” en la jerga americana; con sus templos, los espacios físicos y virtuales de consumo; y con sus sacerdotes, los apologistas e ideólogos. También tiene su doctrina y su credo, que se cierra en tres verdades: adorarás a las riquezas, darás culto al poder y te amarás a ti mismo por encima de todas las cosas.

Esta religión es sincrética, pues toma un poco de todas las religiones: un poco de zen para hacer más llevadera la angustia existencial, un poco de cristianismo por aquello de las formas externas y mucho de eclecticismo del mercado. Es una religión que abarca todo y a todos. En términos del libro del Apocalipsis, es la Bestia que exige adoración y postración y lo está consiguiendo en el mundo entero. Por eso el cristianismo es su mayor enemigo, porque la religión del capitalismo exige globalizar, que es lo contrario que catolizar. El cristianismo es católico porque llega a todos y a todo, sin negarlos y sin suprimirlos, mientras el capitalismo subsume todo eliminando su alteridad. Eso es la globalización.

P: Califica al hombre globalizado como un “ser lleno de nada posmoderno”: enucleado, pero sin consciencia de pérdida. ¿Parecido a un cíborg?

R: ¡Exacto! Esa es otra de mis líneas de investigación. Ahora preparo otra publicación al respecto. En un libro anterior (Un mundo en quiebra. De la globalización a otro mundo (im)posible, Madrid 2011) analizaba el proceso de destrucción del ser humano en la sociedad posmoderna. El hombre posmoderno es vaciado y convenientemente rellenado de una nada que lo estructura, de modo que pueda ser utilizado en el proceso de producción y consumo. Se trata de la descreación de lo humano como paso previo a su recreación virtual. El ciborg es el modelo al que tiende la estructura de la sociedad posmoderna.                                                                                                                                                            

P: Su libro obliga a pensar y no deja indiferente. ¿Era ese su propósito?

R: El libro concluye con la expresión kantiana reconvertida: ¡Agere Aude! Ten el valor de actuar. Kant dijo hace más de dos siglos “ten el valor de saber”; hoy muchos saben quizás demasiado, se trata de actuar para cambiar el mundo. Mi propósito es invitar a la acción, pues de no actuar el mundo sigue su rumbo, un rumbo de colisión con sus propios límites. En el libro también he querido revertir la marxiana tesis 11 sobre Feuerbach, aquella que decía que durante mucho tiempo los filósofos había interpretado el mundo de diversos modos, ahora se trata de transformarlo. Pues bien, es cierto, pero solo podemos transformarlo si lo interpretamos, al menos, de otro modo.

Comentarios

Deja tu comentario