Entrevista con Ana Cardona: "No te paralices por el miedo a las cosas de la vida"

Fecha: miércoles, enero 26, 2022 Comentarios: 0 Visto: 339

Al final, va a ser cierto eso de que tener esta actitud del eterno aprendiz ante las adversidades de la vida, ayuda. Por muy mal dadas que nos vengan las cosas, siempre nos quedará la posibilidad de aprender algo. Esa es un poco la actitud ante el cáncer y la idea que transmites en el libro…

Sí, la pregunta de ¿qué aprendo de todo esto? Cuando lo pasaba mal, me decía ¿qué aprendo de todo esto? (…) Por eso, muchas veces me siento a escribir sin saber qué voy a escribir…hay veces que se nota mucho en el libro, porque doy muchísimas vueltas hasta que de repente caigo en lo que aprendo. Pero yo me sentaba a escribir con la verdadera intención de “tengo que sacar algo de esto”.

“Cuando estuve enferma, dejaron de molestarme las tonterías, porque para mí era mucho más importante vivir”.

Si hay una certeza que todos tenemos cuando nacemos es que nos vamos a morir algún día, sin embargo, es curioso porque generalmente vivimos de espaldas a esa realidad. Si tuviéramos más presente que tenemos fecha de caducidad, ¿crees que disfrutaríamos más de la vida? ¿O sufriríamos más?

Claro, es que una cosa es saberlo y otra es sentirlo de verdad…Y es curioso, porque ahora noto que cuando estuve enferma era mucho más consciente de todo, es como si se te abriese la mente. Sin embargo, ahora, es verdad que vuelvo a quejarme por tonterías, y realmente me molestan esas tonterías. De verdad que, cuando estuve enferma, dejaron de molestarme las tonterías, porque para mí era mucho más importante vivir. Realmente yo creo que no es lo mismo saberlo que sentirlo…sentir que a lo mejor me quedan cuatro meses de vida. Y es verdad que entonces pensaba: “¿me voy a quejar por esta tontería? Paso, voy a intentar ser súper feliz ahora mismo y en los momentos en los que pueda serlo”.

¿Cuál fue tu primer aprendizaje cuando te diagnosticaron el cáncer?

Me pareció alucinante que todas las cosas de las que me quejaba, de pronto las quería vivir. Para mí fue eso…que me quejaba de a lo mejor tener solo una semana de vacaciones por ahí y después tener que ir al pueblo…me quejaba de mi piso que es pequeñito, me quejaba de muchas cosas de mi familia, de que si mi padre me dice esto o lo otro (…) y, de repente, fue sentarme y decir, ¡pero si mi pisito mola mogollón! Eso ocurre cuando te das cuenta que puedes perder algo y, en mi caso, ¡era perderlo todo! Y me decía: “¿Cómo es que no he sido capaz de disfrutar de estas cosas?” Pensé que, en realidad, todos vivimos quejándonos –que es normal quejarse de no estar a gusto con mi jefe, por ejemplo- pero es que no nos damos cuenta de lo felices que somos realmente ¿no? Y cuando te dices: “se acabó”. Ese fue el momento, ahí es cuando dije: “se lo tengo que decir a la gente”.

La idea era también despertar conciencias…porque es verdad que vivimos mucho tiempo con el piloto automático conectado, sin darnos cuenta de nada…

Vivimos con el piloto automático todo el tiempo, vamos corriendo a todos lados sin darnos cuenta del presente, de lo que estamos haciendo. Muchas veces me preguntan ¿cómo puedes decir a la gente que se dé cuenta? Pues nada, simplemente que cuando vaya caminando por la calle, que se fije en la calle, en las aceras, ¡por eso es mindfulness! Porque a lo mejor, la calle es súper bonita, o a lo mejor, o hay un árbol súper chulo, o a lo mejor no. O, a lo mejor, hace un día estupendo. Es darte cuenta del momento presente. En el libro lo digo: ¿dónde estás leyendo el libro en este momento? Párate, porque, a lo mejor, este momento en el que estás leyendo el libro, es buen momento. Es simple, pero es un buen momento: atesora los buenos momentos.

“Vivimos en una sociedad que nos dice; si haces bien las cosas, tendrás buenas consecuencias ¡y no es verdad!”

Por eso tu libro está lleno de preguntas que lanzas al lector ¿es una invitación a salir del modo piloto automático?

Lo que voy haciendo es lanzando preguntas al lector, porque quería que tuviese esa parte de autoayuda. El libro empezó cuando me di cuenta, cuando fui super consciente de las cosas que yo tenía y que no había sido capaz de apreciar hasta que dije: “igual me muero”. Y cuando me di cuenta de que el miedo a la muerte es muy distinto al miedo a las consecuencias de estar vivo. Es cuando me dije: “le tengo que decir a la gente que de cualquier cosa de la que tengas miedo, pregúntate si es algo que puedes superar”.

Hablamos mucho del miedo a la muerte, pero lo que más nos da miedo, a veces, es la propia vida…

Sí, nos perdemos muchas veces en miedos más tontos, que no son tontos ¡ojo!, porque en la vida hay que vivir, trabajar, queremos tener pareja, que nuestros hijos estén bien. Pero esos miedos los vivimos como si se fuera a acabar el mundo y no…el mundo se acaba cuando se acaba. Y mientras tanto, la vida sigue, o sea ¡no lo vivamos así! Porque muchas veces nos paraliza el miedo a no encontrar trabajo, por ejemplo. Eso es lo que yo quería decir en el libro: no te paralices por el miedo que dan las cosas de la vida.

¿Crees que nos cuesta aceptar que el sufrimiento forma parte de la vida?

Y que la vida es así, sí. Por ejemplo, para mí fue muy fuerte darme cuenta de que yo no había hecho nada y que simplemente tenía cáncer. O sea, la sensación es que vivimos en una sociedad que nos dice; si haces bien las cosas, tendrás buenas consecuencias ¡y no es verdad! Y te digo que, de alguna manera, está bien también dejar el control; que parece que tenemos que tenerlo todo controlado en la sociedad de hoy. Pero la realidad es que hay algo que no controlamos, y una vez que lo aceptas, te empiezas a dar cuenta de que, en todo, hay algo que no te gusta, hay algo que no controlas hagas lo que hagas.

“La tristeza tiene la función de cargar las energías, sin embargo, vivimos queriendo anular todo eso”

La llamada “industria de la felicidad”, esa que parece que nos empuja a estar siempre contentos con eslóganes como “si quieres, puedes”… ¿Crees que hace más mal que bien?

Creo que vivimos un poco intentando negar la realidad. Y la realidad es que las personas sufrimos y que la felicidad no es estar todo el rato bien y que la perfección no existe. Y la exigencia de la felicidad en la sociedad, y eso de que “es cosa tuya si no eres feliz, si quieres, puedes” etc…bueno…eso causa mucha frustración y culpabiliza mucho también ese “claro, si yo no puedo, es por mi culpa”. Y esto también ocurre en el cáncer, eso de que “es que, a lo mejor, si no tengo buena actitud no me voy a curar” y no. La medicina aquí tiene mucho que decir. Nos responsabilizamos demasiado. Es verdad que somos responsables de nuestro estado de ánimo, pero lo que no podemos hacer es negar que las personas tenemos emociones que no son placenteras. Pero las tenemos por algo y están bien. Están ahí, y cuando vienen hay que sostenerlas, porque están por algo. Sería muy raro pasar por un proceso de cáncer, por un duelo, por una separación, sin sentirse triste. Porque es que la tristeza tiene la función de cargar las energías, sin embargo, vivimos queriendo anular todo eso…la frase esta de ‘haz de todos los lunes un viernes’… no, mira, no. No me quites el ‘de lunes a jueves’ que, aunque tenga que ir a trabajar, lo que tendré que hacer es encontrar momentos que me gusten en el trabajo…¡Pero es que un lunes es un lunes! y alguna vez la vida me va a ir mal…¡seguro! Y a veces voy a pensar que no puedo con esto…¡seguro! Pero es que a veces vivimos un poco en la exigencia de la felicidad, en el “si tú quieres, puedes”.

Al final de tu libro dices que aún no te identificas con la expresión superviviente de un cáncer. Han pasado más de dos años de eso. ¿Te ves ahora como superviviente?

Cuando te dicen 'superviviente de un cáncer' y estás en ese momento, es difícil. Yo intenté no prestar atención a nada que me pudiera decir que no lo iba a superar y claro, la palabra ‘superviviente’ en sí misma, habla de que estás sobreviviendo a algo. Ahora, claramente me veo superviviente. Aunque me parece que es cantar victoria antes de tiempo. En realidad me quedan dos años para decir: ahora...ya sí lo soy.

Aldara Martitegui - julio de 2021




Comentarios

Deja tu comentario