Entrevista a José Carlos Bermejo, autor de "Las 7 tareas espirituales del duelo"

Fecha: lunes, enero 17, 2022 Comentarios: 0 Visto: 228

"El tiempo no cura nada, el tiempo es una clave de proceso y que nos evoca que hay trabajo por hacer. Alguna pregunta de algunas personas es razonable: “¿cuánto dura el duelo?”. Es una pregunta difícil o imposible de responder, porque vete tú a responder a una madre que se le suicida su hijo cuánto dura el duelo. El duelo hay que abrirlo, para pensar en la variedad de pérdidas y el modo de morir o perder a seres queridos".

Permíteme que te lance ya una pregunta, nada más arrancando desde el título. Cuando uno lee “Las 7 tareas espirituales del duelo”, empieza a pensar en la persona que está viviendo un duelo, como una persona que ha de pasar a una posición activa, desde el propio sufrimiento o la pasividad con la que solemos asumir la experiencia vital del duelo. ¿Es así?

Esta expresión de tareas, a mi juicio es muy interesante. Se la robamos a William Borden, autor de referencia en la psicología y el presenta el trabajo del duelo desde un punto de vista psicológico. Este libro, “Las 7 tareas espirituales del duelo” quiere recuperar esta expresión de “tareas, trabajo, actividad” en el proceso de elaboración del dolor por la pérdida de un ser querido y aterrizarlo en el mundo de la dimensión espiritual. Tarea significa que hay un trabajo y una actitud de afrontamiento de lo que queda pendiente cuando se nos rompe el corazón y cuando perdemos un ser querido. Aquí nos centramos en el duelo por pérdida de un ser querido. Sabemos que el duelo no es solo eso. Es el proceso de elaboración del dolor que produce cualquier pérdida y se producen pérdidas cuando emigramos, cuando cambiamos de rol, cuando evolucionamos en nuestro desarrollo evolutivo, etc.

Hablas además de tareas y, si me permites, el nombre es “tareas” y el apellido es “espiritual”. ¿Podemos hacer entonces una distinción de lo espiritual como algo diferente de lo religioso?

En estos últimos decenios, está habiendo una cierta exploración de la dimensión espiritual en sentido laico y en sentido universal. Hay quien dice que estamos en un retorno de lo espiritual. También hay quien dice que hay un apagamiento de la conciencia, de sed profunda del corazón y de sentido que tenemos los seres humanos. Lo espiritual es una dimensión específicamente humana a la que no podemos negarnos, porque sería reducirnos a otro tipo de bichos. No podemos renunciar a que somos seres humanos, que tenemos una vida, no solo sentiente, sino también transcendente y deseosa de un sentido último, nos hacemos preguntas sobre el más allá, sobre nuestra vida relacional, etc. Esta es la dimensión espiritual. En algunas personas esto cristaliza en la afiliación religiosa, en juntarse con otros por tradición, por cultura, por convicciones aceptas o por el motivo que sea. Por lo tanto, una dimensión espiritual la cristalizamos en un conjunto de creencias y en unas implicaciones también que pretenden ser virtuosas normalmente en la vida. Al hablar de espiritual en este libro nos estamos refiriendo a un concepto amplio, previo al aterrizaje en una confesión posible. El libro, en todo caso, también acepta y reconoce que hay algunos aspectos que conectan directamente con nuestra tradición y con nuestra religión más prevalente y conocida, que es el cristianismo.

Cuando uno piensa en duelo, vienen a la cabeza este tipo de expresiones, que a veces, con buena intención, intentan descatastrofizar o relativizar de alguna manera la pérdida de un ser querido y el impacto que eso pueda tener en nuestra vida. Expresiones del tipo “el tiempo lo cura todo” resta importancia al hecho de que hay cosas que puedo y posiblemente tenga que hacer para que ese tiempo no se eternice. Porque realmente el tiempo no lo cura todo. Hay cuestiones a las que, sí o sí, nos tenemos que enfrentar de una manera formal o informal, con mayor o menor conciencia, pero que sí o sí tenemos que enfrentar en la pérdida de una persona querida, ¿verdad?

Esta expresión en concreto tiene su interés, porque hablar de que hace falta tiempo, es como hablar de tareas, es decir, el duelo no es “pierdo a un ser querido y ya está”, sino que se habla de proceso de elaboración del dolor que producen las pérdidas. La variable del tiempo tiene su interés. Mi abuela decía “según se asientan la tierra, se asientan los corazones”. Era un modo de decir que para hacer el trabajo en el corazón, hace falta que pase tiempo. Claro que cuando llegamos a la expresión que todos utilizan de “el tiempo todo lo cura”, aterrizamos en uno de los tantos tópicos. En la cultura de hace 30 siglos, acudir a la razón para intentar consolar también era algo que se experimentaba y se vivía como consentido.

El advenimiento del cristianismo en la historia, supuso una especie de superación de este intento de consolar con las frases hechas y los argumentos de la razón. Supuso una cierta apertura y reconocimiento de la importancia, no sólo de la razón para buscar el consuelo en el duelo, sino también del acceso por la vía de la emoción, de los sentimientos, de la compasión. En concreto esa frase, sabemos que es mentira en buena medida. El tiempo no cura nada, el tiempo es una clave de proceso y que nos evoca que hay trabajo por hacer. Alguna pregunta de algunas personas es razonable: “¿cuánto dura el duelo?”. Es una pregunta difícil o imposible de responder, porque vete tú a responder a una madre que se le suicida su hijo cuánto dura el duelo. El duelo hay que abrirlo, para pensar en la variedad de pérdidas y el modo de morir o perder a seres queridos.

Tengo la sensación de que a la gente le sigue incomodando hablar tranquilamente y con propiedad de estas cuestiones. Parece que lo dejamos como una tarea final hasta el día en que nos pasa a nosotros y ya nos vemos en la obligación de vivir el duelo lo mejor que podamos o sepamos. Entonces recibo muchos de estos tópicos a nuestro alrededor que pretender aliviar en alguna medida lo que estamos experimentando pero con diferentes resultados. Entonces, la cuestión que te planteo es esa: ¿nos sigue costando hablar de la muerte de un ser querido que ya ha acontecido o que estamos intuyendo?

La cultura yo la veo cambiante y también un poco diferente del ámbito rural y el ámbito urbano y según las generaciones. Por ejemplo, ahora está llegando la generación de la digitalización de la experiencia del duelo. Esto está siendo una gran novedad de estos años para las generaciones más internautas.

En el ámbito rural y generaciones más mayores, el mundo del duelo es una experiencia de la que se habla y de la que todos tienen un poco de experiencia, sobre todo porque han acompañado en el lecho de muerte. En el mundo urbano, la muerte la hemos “higienizado”, la hemos “hospitalizado” en parte, la hemos relegado a los tanatopractores, es decir, gestionen ustedes lo que tiene que ver con los ritos y la gestión de los restos humanos. El previo también lo estamos entregando al mundo de las instituciones especializadas en el final de la vida. Así, la familia ocupa, en parte, un lugar diferente a esa cultura rural.

Sigue siendo un tabú, pero hay corrientes nuevas y diferentes que nos llevan, por ejemplo, a que el cadáver retorne. Lo que en el mundo rural hemos hecho llevando a los muertos y a los fallecidos a los hospitales, en el mundo internáutico los volvemos a traer y hacer accesibles, sólo que el cuerpo del moribundo y el cuerpo muerto digitalizado en unas imágenes de cuando estaba vivo. Un cuerpo digitalizado y propiedad de los supervivientes.

                                                                   




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