El secreto está en las croquetas

Fecha: jueves, abril 21, 2022 Comentarios: 0 Visto: 291

En esta sociedad al mismo tiempo cansada y acelerada en que vivimos, estamos perdiendo la capacidad de reflexión, de contemplación. Se vive con mucha información y múltiples tareas por realizar, pero en ocasiones sin dirección, en una crisis de sentido. Vivir de manera plena es vivir nuestra vida con sentido, con pasión, con entusiasmo, pero también implica sufrimiento y emociones negativas. Lo podemos evitar, pero a un precio demasiado alto: vivir a medias, de forma gris, o pasar de puntillas. Quien se entrega al amor, a los amigos, al trabajo…quien vive plenamente, con entusiasmo, corre un riesgo mayor que quien no lo hace, pero merece la pena.

Una de las 16 ideas para vivir de manera plena, de la mano de Daniel Serrano:

'El secreto está en las croquetas'

No hace mucho estuve un fin de semana en Portugal, en uno de esos hoteles que “tiene de todo”: campo de golf, spa, guardería, varios restaurantes –uno de ellos con dos estrellas Michelín–, un antiguo monasterio restaurado…, y todo rodeado de una naturaleza exuberante, junto a un Parque Natural. En fin, ese tipo de hoteles en el que uno desearía perderse unos días al año. El restaurante de las dos estrellas Michelín era como esperaba. Nada más entrar tenía una amplia cocina a la vista, luces indirectas, y mobiliario con diseño tipo futurista de los años 70, mezclado con unos elementos minimalistas. Había, por ejemplo, varias mesas circulares rodea[1]das de las típicas cortinillas metálicas, que tanto gustan en los pueblos andaluces, que son ideales para no dejar pasar las moscas en verano. Los camareros con camisetas negras y el anagrama del restaurante en un tono verde estampado en la parte superior. Por encima una chaqueta también negra. Vasos de cerámica, más propios de un refectorio de un convento, platitos para los entrantes que son láminas rectangulares de pizarra y claro –aquí es donde quería llegar– grandes platos con poca comida, eso sí, muy refinada y con una presentación envidiable.

Nuestra sociedad contemporánea parece que solo valora lo grandioso, lo noticiable, lo extraordinario, es decir –siguiendo el símil gastronómico–, los platos sofisticados, y de alguna manera desprecia las croquetas. Porque las croquetas las cocina todo el mundo. En cambio la receta que sale en la revista es el mousse, cuya receta ha traído un chef de Dubái. Y esto nos afecta a todos. En esta situación tienen gran parte de responsabilidad los medios de comunicación, que buscan lo que es noticia y habitualmente lo noticiable es lo que se sale de lo normal. Y es verdad, pero en ese afán de buscar y rebuscar noticias llamativas, nos hemos olvidado de lo cotidiano y no olvidemos que la vida es fundamentalmente normalidad.

Nuestra sociedad contemporánea parece que solo valora lo grandioso, lo noticiable, lo extraordinario, es decir –siguiendo el símil gastronómico–, los platos sofisticados, y de alguna manera desprecia las croquetas.

Recientemente leí un artículo de un periódico local en el que el autor refería que de un cocinero lo que le interesaban no eran los platos sofisticados, ni los postres de revista, sino las croquetas. El secreto está –escribía– en las croquetas. Y esto es extrapolable a muchos aspectos de la vida. Lo difícil, lo exótico, lo exquisito todos somos capaces de hacerlo un día, dos si se quiere, pero lo difícil es hacer de lo sencillo algo supremo. Un autor espiritual contemporáneo y santo, condensaba muy bien esta idea: “hay que hacer endecasílabos de la prosa de cada día”. Hacer endecasílabos en el trabajo, al tratar con paciencia a ese colega que es un poco pesado, a aquel compañero al que hay que repetirle varias veces las cosas para que se entere, o a ese paciente que viene con exigencias inoportunas. Hacer endecasílabos al tratar a la mujer, al marido, a los hijos, llevando con serenidad las pequeñas contrariedades normales de cualquier hogar, sin poner el grito en el cielo, porque el niño se ha manchado la ropa con yogurt o salir con la mujer a tomar una cerveza cuando lo que más podría apetecer es quedarse en casa.

Lo difícil, lo exótico, lo exquisito todos somos capaces de hacerlo un día, dos si se quiere, pero lo difícil es hacer de lo sencillo algo supremo. 

Veamos hoy el telediario, abramos un periódico o una revista del corazón. ¿Quiénes son noticia o qué es noticia? Una ruptura de pareja, un acontecimiento meteorológico devastador, un tipo innovador que creó un imperio empresarial. En cambio, Juan, que es un mecánico de primera y me ha atendido esta mañana con una sonrisa en los labios, no lo es, ni lo será nunca; o la fidelidad de Fernando y Ana, que han cumplido veinticinco años de casados, tampoco será portada del periódico. Pues claro, eso es lo normal. Posiblemente así es, pero a base de tanto “Top Chef” puede que nos hayamos olvidado de las croquetas. Y todos tenemos al alcance de las manos croquetas que tenemos que descubrir y saborear. Tal vez por su continua presencia nos hemos acostumbrado y no las valoramos.

Tenemos que aprender a mirar los acontecimientos diarios de otra manera. Tenemos que tener ilusión por las cosas sencillas. El secreto para vivir la vida en clave ilusionada es ser capaces de admirar lo que nos es familiar, en ver con ojos nuevos lo que es ya antiguo a nuestra mirada. Y eso también se aprende, como casi todo en la vida. No es cuestión de unas semanas de entrenamiento y ya está. Se necesita constancia y auto-reflexión. Por ejemplo, tal vez tú seas de los privilegiados que consigas desayunar en familia, aunque sea deprisa. Disfruta ese momento, mientras miras a tus hijos que se comen esa tostada con mantequilla, o participas de sus inquietudes por el partido que tienen esa mañana, o vas comentando en casa las noticias del periódico o simplemente los planes de cada uno para ese día.

El secreto para vivir la vida en clave ilusionada es ser capaces de admirar lo que nos es familiar, en ver con ojos nuevos lo que es ya antiguo a nuestra mirada.

Probablemente por nuestro trabajo nunca llegaremos a ser noticia, mejor dicho no seremos noticiables, pero con nuestra lucha por hacer las cosas bien, de manera responsable y competente, muchas personas se beneficiarán. Un trabajo normal, como el de la mayoría de las personas en el mundo, que también nos ayudará a crecer interiormente, a sacar de nosotros lo mejor o por lo menos a eso debemos aspirar.

Y no se olvide de lo que dice Marta Yanci, la chef donostiarra que triunfa en Dubái: “Fue cuando me mudé a Dubái, comencé a poner en práctica algunas recetas de mi madre. Empecé elaborando platos sencillos, como crepes de setas, y platos tradicionales españoles, como las croquetas, pero fusionándolos con ingredientes de la región”. Tal vez el secreto es ese: las croquetas de toda la vida pero mezclándolas con algún ingrediente que le dé una gracia particular y ese ingrediente lo tienes que encontrar tú.

Llegado este momento, estimado lector o estimada lectora, te dejo esta vez que seas tú, quien pienses en tu día a día y concretes algunas ideas.

Lo que vas a encontrar en este libro no es algo imaginario, sino la realidad, lo objetivo, la vida misma tal cual es.




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