Algunas nociones básicas sobre la memoria

Fecha: miércoles, enero 13, 2021 Comentarios: 0 Visto: 631

Si hay una facultad de nuestra naturaleza que puede considerarse maravillosa, esa es la memoria.
—Jane Austen

1.1. ¿Qué es la memoria?

La memoria es la función cerebral que nos permite registrar la información, almacenarla y posteriormente recuperarla.

La memoria es la base de todas nuestras capacidades y funciones cognitivas. Sin memoria, ninguna otra capacidad cognitiva tendría sentido.

Nuestro cerebro contiene millones de neuronas, que a su vez, se conectan entre sí, dando lugar a un proceso denominado sinapsis. Cada vez que aprendemos algo nuevo, cada vez que realizamos una actividad diferente, estamos creando nuevas conexiones neuronales, nuevas sinapsis.

Este proceso es fundamental para el mantenimiento de un cerebro activo y sano.

El deterioro de nuestro cerebro se inicia sorprendentemente pronto ya que es a partir de los 25 años cuando comienza la pérdida lenta pero progresiva de neuronas.

Sin embargo, a pesar de ello, la posibilidad de seguir estableciendo nuevas conexiones neuronales no se detiene nunca. Esta es la razón por la que es tan importante mantener unos hábitos de vida sanos y ejercitar nuestro cerebro para que continúe activo, presentándole nuevos retos como, por ejemplo, aprender un nuevo idioma, tocar un nuevo instrumento, apuntarse a clases de baile, de ganchillo o mejor… a un taller de memoria.

Cuando todo es monótono, cuando apenas buscamos estímulos intelectuales, cuando hacemos siempre las cosas de la misma manera… nuestro cerebro no necesita esforzarse.

Por el contrario, cuando buscamos nuevos desafíos, cuando probamos nuevas actividades, cuando probamos a hacer las cosas de una manera diferente… entonces, le estamos presentando nuevos retos a nuestro cerebro, y para afrontar dichos retos, nuestras neuronas harán nuevas conexiones. Es entonces cuando podemos decir que estamos ejercitando nuestro cerebro.

Esta “gimnasia mental” dota a nuestro cerebro de una mayor plasticidad y le protege del envejecimiento prematuro.

1.2. ¿Puede mejorarse la memoria?

Sabemos que el paso del tiempo es enemigo de la memoria, y es probable que los olvidos, despistes y fallos de memoria, se vayan sucediendo con más frecuencia a medida que cumplimos años.

El cerebro envejece al igual que el resto de los órganos de nuestro cuerpo, y por lo tanto algunas funciones mentales comienzan a deteriorarse. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, esto no impide que la persona pueda hacer su vida normal.

Hay que decir, por supuesto, que si esos fallos de memoria que observamos son repentinos, intensos, repetitivos… si van acompañados de cambios de humor, si confundimos palabras, nos cuesta seguir el hilo de una conversación, si hacemos una pregunta y a los pocos minutos volvemos a formularla… es decir, si observamos síntomas que nos llamen la atención o nos preocupan tanto a nosotros como a las personas que nos rodean, debemos acudir a nuestro médico de cabecera para que sea este quien evalúe correctamente qué es lo que está sucediendo y podamos aclarar nuestras dudas.

Pero como decimos, los fallos de memoria cobran inevitablemente más protagonismo con la edad. A medida que los años van transcurriendo, empezamos a olvidar con más frecuencia dónde pusimos las llaves, dónde dejamos las gafas o qué necesitábamos comprar hoy…

Más adelante, estudiaremos esta clase de olvidos, su causa y la forma de reducirlos o incluso evitarlos. Pero lo que debemos comprender es que la memoria no es una especie de polvos mágicos que algunas personas lleven encima y otras no, la memoria no es algo que se les reparta a unos pocos privilegiados… la memoria es una habilidad, y como tal, puede entrenarse para su mantenimiento y mejora.

La mayoría de las personas, sin embargo, no se cuestionan esto y aceptan la memoria que tienen como si esa fuera la memoria con la que han nacido y no hubiera nada más que hacer. Y aunque haya otras muchas habilidades que a lo largo de nuestras vidas sí nos ocupamos de mejorar, como el vocabulario, nuestra forma de escribir, cocinar o bailar… no solemos pensar de la misma manera con respecto a la memoria, no solemos pensar que esta sea una habilidad que podamos entrenar para mejorar… de hecho, se podría decir incluso que ni siquiera nos “acordamos” de nuestra memoria.

No solemos acordamos de nuestra memoria hasta que empezamos a perderla. Es entonces cuando de pronto se enciende la luz roja de alarma y empieza a asaltarnos la preocupación y la incertidumbre mientras nos preguntamos qué podemos hacer para evitar la pérdida de memoria.

A pesar de que el paso del tiempo provoque cierto deterioro cognitivo, más acusado en unas personas que en otras, no debemos pensar por ello que estemos inevitablemente destinados a sufrir una pérdida importante de memoria. Existen muchas cosas que podemos hacer para mantener y conservar nuestra memoria en buen estado durante muchos años. A pesar del paso del tiempo, es posible llevar un envejecimiento saludable si sabemos cómo cuidarnos.

Pensar de esta manera nos puede hacer asumir más responsabilidad en el cuidado de nuestra memoria y adoptar así una actitud más proactiva.

Si pensamos que no hay nada que podamos hacer para mejorar nuestra memoria, entonces no haremos esfuerzo alguno, y por tanto, no experimentaremos ningún cambio positivo.

Así pues, pensemos en la memoria como una habilidad que podemos entrenar y ejercitar y que el resultado de esta acción merecerá seguro la pena.

1.3. Memoria y autoestima

Por otro lado, también debemos ser conscientes de nuestras limitaciones y pensar que no es posible recordarlo todo. Pero, de hecho, ni siquiera es necesario.

Nuestra mente necesita olvidar algunas cosas para poder recordar otras.

Lo fundamental es que seamos capaces de recordar todo aquello que necesitemos y que sea importante para nosotros.

Ser conscientes de nuestras limitaciones también es aceptar que en ocasiones, olvidamos, nos equivocamos, nos cuesta recordar un nombre, pero nada de esto debemos interpretarlo como un “desastre” ni como evidencia de la pésima memoria que tenemos.

Pensar de esta manera a cerca de nosotros solo daña nuestra autoestima y merma la confianza en nosotros mismos; además no resuelve absolutamente nada… es decir, seguiremos olvidando dónde hemos puesto las llaves, seguiremos sin recordar ese nombre y seguiremos una y otra vez criticándonos por ello.

Pero ¿qué podríamos hacer para no perder siempre las llaves?; por supuesto, colocarlas siempre en el mismo sitio.

¿Y si comprásemos una pequeña bandeja y tuviésemos por norma dejar siempre ahí las llaves? ¿Y si nos asegurásemos, cada vez que cambiamos de bolso, de sacar las llaves y guardarlas en su sitio asignado…?

Probablemente si cumpliésemos a diario con estos sencillos rituales evitaríamos muchos fallos de memoria.

En muchos casos los fallos de memoria tienen más que ver con despistes provocados por la falta de atención o de orden más que por el hecho de tener una mala memoria o ser un “desastre”.

Evitemos por tanto estas expresiones negativas referidas a nuestra persona y empecemos a observar cómo hacemos las cosas y si podemos cambiar en algo para mejorar.




Recuerda que la memoria es una habilidad y por lo tanto puede entrenarse y mejorarse.

Si presentas algún problema de memoria, la autocrítica o la culpa no te aportarán nada positivo. En lugar de esto, es más útil detectar qué rutinas están funcionando mal y qué podemos hacer para cambiarlas.




La autocompasión en psicoterapia
Extracto sacado del libro de ¿A qué he venido yo aquí? Guía para comprender y mejorar la memoria de Laura Vera

Comentarios

Deja tu comentario