12 Consejos para hablar en público sin morir en el intento

Fecha: viernes, febrero 22, 2019 Comentarios: 0 Visto: 1713

12 Consejos para hablar en público sin morir en el intento

Cómo hablar en público es un campo ampliamente estudiado por expertos especialistas en la materia por lo que en esta guía indicamos solo algunas pautas que forman parte de nuestro bagaje personal y profesional y de nuestra metodología formativa aplicada tanto en grupos de Risoterapia Integrativa como de habilidades sociales, crecimiento personal y terapias humanistas.

1-    Tener un buen conocimiento del tema que se va a tratar: es altamente recomendable dominar y tener experiencia propia en los contenidos que se van a exponer y desarrollar.
No transmitimos de igual manera cuando conocemos y sabemos por vivencia de qué estamos hablando, a cuando simplemente reproducimos datos o damos una información. En el primer caso, todo nuestro cuerpo está implicado y vibra con lo que decimos mientras que en el segundo caso, utilizamos prácticamente solo la parte alta del cuerpo, o lo que es lo mismo, la memoria para recordar el guion y la voz (más bien plana) para dar el discurso.

2-    Voz: para que el público nos oiga correctamente, reciba lo que le transmitimos y le impacte nuestro mensaje, debemos proyectar la voz enfocándola hacia él. Este sencillo punto es obviado por muchas personas que lideran grupos según he podido constatar (M.R.), hasta tal punto que hablan dando la espalda a los asistentes, mirando hacia otro lado, estando de cara solamente a una parte del grupo, explicando mientras adoptan diferentes posiciones en trabajos corporales, etc. Con ello, lo que logran es que nadie les comprenda o solo unos cuantos y que los que no oyeron, estén preguntando a los demás.
La voz, como la mirada, debe estar en contacto directo con el auditorio.
Según la intención que tengamos al comunicar, bajaremos o alzaremos la voz, hablaremos más lento o más rápido, haremos énfasis en alguna palabra o párrafo haciendo algún tipo de variación en el tono, volumen, ritmo. De este modo, podremos provocar una emoción y un efecto determinados en nuestros interlocutores.

3-    Contacto visual: lo mantendremos de modo general con todos los oyentes o de modo individual si se requiere focalizar la atención. Normalmente, pasearemos la mirada por todo el grupo fijándola en alguien concreto si nos dirige la palabra, por ejemplo, o presenta alguna necesidad en particular.
También podemos mirar persona por persona dedicando unos instantes visuales a cada una, si bien esto será inviable en grupos muy numerosos.

4-    Gestos y cuerpo: acompañando la intención del discurso o de los mensajes que transmitamos, adaptaremos la expresión de la cara, moveremos las manos, cambiaremos de posición corporal, nos desplazaremos por el lugar si la situación se presta a ello, en definitiva, gesticularemos e intervendremos con todo el cuerpo en lugar de permanecer estáticos o sin apenas movimiento.

5-    Automotivación: actitud que se manifiesta como fruto de creer y confiar en lo que comunicamos. Si además estamos convencidos que los contenidos de nuestra difusión son buenos y útiles porque así lo hemos vivido en propia piel, entonces muy probablemente experimentemos a la vez pasión que es una poderosa cualidad generadora de contagio, interés y motivación a nuestro alrededor.

6-   Hablar de las propias vivencias: es un camino para estimular en los asistentes la sensación de cercanía y el sentimiento de igualdad pues al mostrar nuestra humanidad, invitamos a los demás a que muestren la suya. Esto crea un ambiente de complicidad y cohesión grupal.
Los relatos autobiográficos no tienen por qué ser largos y llenos de detalles, más bien se trata de dejar ver nuestras emociones, nuestra vulnerabilidad, dificultad o facilidad encontradas en una situación o situaciones determinadas. Podemos referirnos a una escena vivida como una anécdota o a un hecho que haya dejado una profunda huella en nuestra existencia.
Como sea, el propósito es ilustrar con las propias vivencias aquello de lo que hablamos, más que parecer ajenos a nuestra exposición.

7-    Poner atención a los pre-juicios y estereotipos: sabiendo que los grupos pueden estar formados por individuos de cualquier tipo de clase social, ideología, cultura o situación en particular, al dirigirnos a nuestro público no haremos referencia alguna a estatus, política, religión, raza, capacidad intelectual y/o física, etc., evitando que ninguna persona pueda sentirse molesta, incómoda o excluida por identificación bien en primera persona, bien por algún familiar o conocido que presente alguna de esas características.
En las propuestas de juegos y dinámicas, tendremos igualmente en cuenta no utilizar consignas del estilo hacer, moverse o hablar como tal personaje monárquico, tal dirigente, tales personas con tales costumbres, etc.

8-    Sostener el vacío y estar presente: se refiere a la capacidad de estar y mantenernos en contacto con nosotros mismos, con lo que nos ocurre a nivel de emociones, sentimientos, pensamientos, impulsos, etc., así como estar y mantenernos en contacto con lo que acontece a nivel de grupo, asistentes, interrelación entre asistentes y nosotros. Dicho con otras palabras, es el proceso de estar, escuchar, observar, percibir, aceptar, lo que ocurre dentro y fuera de nosotros.
Sabemos que para algunas personas esto puede ser tarea ardua y que el dominio llega con la práctica y el rodaje. Experimentar el vacío es sinónimo, en ocasiones, de salir directamente de la zona de confort pero la recompensa es mayor que la incomodidad que puede generar la situación en sí. El siguiente punto puede ayudarnos en este aspecto.

9-    Transparencia y autenticidad: cualidad de mostrar lo que somos sobreponiéndonos al miedo a ser rechazados o enjuiciados por parte del auditorio. Actuar de ese modo nos ahorra energía pues soltamos la presión autoimpuesta de tener que ser perfectos, no fallar o no equivocarnos, de hacer ver personajes que no se corresponden con lo que en verdad somos aquí-ahora.
Hay personas que no se atreven a hablar en público debido a una gran autoexigencia, exceso de perfeccionismo, miedo al ridículo y por tanto al rechazo, etc. Cuando conseguimos superar todo esto desde la aceptación de nuestras limitaciones, nos quitamos un gran peso de encima.

10-    Valentía: cualidad de afrontar los miedos propios que puedan aparecer en el momento de dirigirnos al público. Sentir miedo, vergüenza o ridículo no es en sí un problema sino que este empieza cuando somos dirigidos por esas vivencias en lugar de dirigirlas nosotros a ellas.
La persona valiente puede sentir miedo y sobreponerse al mismo por su voluntad, decisión y firmeza de sobrellevarlo.
El miedo es una emoción, la valentía es una actitud.

11-    Congruencia: elemento esencial para elaborar una comunicación basada en coherencia, honestidad, autenticidad.
Este aspecto está ampliamente expuesto en el capítulo 5 como componente fundamental de la escucha.

12-   Explicar metáforas, historias y cuentos: es un medio imaginativo, creativo, simbólico o realista, con el que lograremos por un lado mantener interesados a los oyentes y por otro lado transmitirles un mensaje que apoye, refuerce, sugiera o explique directamente aquello que queremos decir.
Para obtener éxito con el relato, la audiencia deberá sentirse motivada experimentando entusiasmo, curiosidad, algún tipo de identificación o desidentificación, ganas por saber el desenlace y el final. Esto quiere decir que cada receptor tendrá que vivirse a sí mismo como si formara parte, de alguna manera, de la narración o verse vinculada de algún modo a ella para que no le resulte ajena.
Como bien podemos deducir tras las pautas descritas, para hablar en público no hace falta ser perfectos ni saberlo todo, sin caer por supuesto ni en la dejadez ni en el pasotismo. Más bien es hacer lo mejor que sabemos al mismo tiempo que aprendiendo a hacerlo mejor mientras lo hacemos.
Conforme nos exponemos y vamos adquiriendo experiencia en la gestión y la conducción de grupos, cada vez nos sentiremos más seguros y relajados, lo que a su vez nos facilitará la capacidad de improvisar y recurrir al sentido del humor.

Este contenido ha sido extraído del libro
Rio, luego existo de María Rosa Parés y José Manuel Torres




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