Otro modo de leer el Evangelio

Fecha: jueves, julio 23, 2015 Comentarios: 0 Visto: 908

Este libro reciente de Enrique Martínez Lozano es una aportación muy interesante y única de acercamiento, desde la perspectiva o modelo no-dual, al Evangelio. Como dice Enrique en la introducción, hay muchos comentarios diarios del Evangelio, pero ninguno desde esta perspectiva, ninguno que sea “un recordatorio que nos ayude a volver a la verdadera “casa”, aquella común en la que -tomando distancia de la mente y del yo- cada uno nos reconocemos y que todos los seres compartimos”.

Tiene la particularidad de ser una suma, un encuentro, entre el propio texto bíblico y las palabras lúcidas de Enrique, que presta su claridad, su mirada precisa, a la mirada, ardiente ya por sí misma, del Evangelio: luz sobre luz, por tanto. Cita él mismo en la Introducción al texto, unas palabras de Lucas: “sentimos arder nuestro corazón” (Lc 24,32), y así sucede en este texto nuevo, en este alumbramiento.

Estos comentarios, abarcaran, cuando estén publicados los dos próximos ciclos litúrgicos, la totalidad del Evangelio, como explica muy bien Enrique en una aclaración que amablemente nos hizo llegar la editorial Desclée de Brouwer para elaborar esta reseña: ” -OTRO MODO DE LEER EL EVANGELIO- recoge el comentario al evangelio diario de todo el Ciclo “C” (del 29 de noviembre de 2015 al 26 de noviembre de 2016). Como es sabido, la liturgia se articula en tres Ciclos (A, B y C), cada uno de los cuales comprende todo un año litúrgico: empieza el I Domingo de Adviento y concluye el sábado de la XXXIV semana del llamado Tiempo Ordinario. Las lecturas dominicales varían de un Ciclo a otro. Lo cual significa que, en el lapso de tres años, en las celebraciones de la eucaristía, se leen prácticamente al completo los cuatro evangelios canónicos. De ahí que a este comentario del Ciclo “C” seguirán, en años sucesivos, los correspondientes a los Ciclos “A” y “B”. De ese modo, se podrá contar con un comentario de todo el texto evangélico. El autor propone una lectura en profundidad que –más allá del literalismo y del moralismo- facilite conectar con el mensaje original de Jesús y descubrir que aquellos textos de hace dos mil años contienen una sabiduría atemporal capaz de iluminar nuestra existencia, porque leen nuestra propia vida.”. (Enrique Martínez Lozano).

Se entiende con esta matización de Enrique, más aún, la dimensión de esta/s obras. Enrique se ha atrevido a pasearse por la totalidad de esos textos bíblicos, con el atrevimiento de su mirada abierta y libre que se suma, no puedo dejar de remarcarlo, a la de los propios textos.

“En la Biblia está dios e incluso sólo está él. Habla sin cesar. Con palabras y sin ninguna palabra, con el rayo y con la brisa de una ligera mañana de abril, con el murmullo de las espigas del trigo y con el suspiro del buey, con la espuma de la ola y la lengua de una llama, habla con todas las materias del mundo”. (Christian Bobin).

Y de ahí el magnífico atrevimiento de Enrique de “tocar” un libro que es, como dice Christian Bobin, “un océano de voz roja”, en el que nada sin más embarcación, que su intención honesta de contribuir, como dice en la introducción, a desplegar esas “dos alas” de la realización, la sabiduría y la compasión, “abrazando con ellas toda la realidad”, esa realidad paradójica, la de ser a la vez, como él también menciona: “el Ser, ilimitado y siempre a salvo, que se está viviendo en una forma concreta, frágil y vulnerable”.

“Tocas el libro y tu pensamiento se va hecho jirones, sólo te quedan los ojos para leer y arder.” Christian Bobin. Nos arde este libro en las manos, porque apunta al “cero ardiente”, a “vivir la Unidad que somos” como dice el autor. “Dejaremos de pensar a Dios, para reconocernos en él”, dice Enrique y ese es el gran viaje que nos propone.

Y por tratarse de esa Unidad, podemos comprobar que en el libro solo se habla de una cosa, de una “única certeza”: “Yo soy la Vida” (Jn 11,25; 14,6), el autor no tiene inconveniente en repetirse en esta insistencia incansablemente. Podemos tomar muchos caminos, pero esa será al final nuestra desembocadura.

Estos comentarios diarios nos reconducen cada día a esa senda, a ese caminar, y con sus propias palabras nos permiten “renovar diariamente la conexión consciente con nuestra verdadera identidad, Aquello, – ni masculino ni femenino, ni personal ni impersonal- que nuestra mente nombra “Dios””. ( Enrique Martínez Lozano).

Enrique tiende puentes entre orillas, “la de la razón y la del Misterio” que pueden vivirse como separadas, pero que necesariamente están unidas: “ambas nacen de la misma y única Fuente”. Así nos aporta, en cada comentario diario, también un repaso por el “contexto histórico y marco vital de aquellas primeras comunidades”, que nos hace tener una mirada más amplia que ayuda a la comprensión de los textos.

Hay muchas cosas que dividen y fragmentan, opiniones, ideas, comentarios, vuela por todas partes un cierto aire de confrontación, pero en este libro volvemos serena y pausadamente a fuentes originarias, que nos recuerdan lo que somos, que vuelven nuestra mirada hacia nosotros mismos. Es un libro de reconciliación, así que le damos una ardiente bienvenida.

Alicia Martínez

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